-...sí, como si me crecieran alas a la fuerza, dejé de sentir que el dolor iba del exterior hacia el interior para empezar a pensar que era al revés, y que eran alas que luchaban por arrancar la piel.
-Y...¿qué harás con esas alas?¿Te vas... entonces, de aquí?
-Creo... que sí.
-¿Pennsylvania?
-Donde sea, pero diferente.
-Me parece bien.
-Me cambiará el color de piel.
-Sí, seguro.
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